Están en todos lados. Son mis fantasmas inventados, espíritus malvados que me rondan, que me bailan, que me atacan cuando menos lo espero. Ya me acostumbré a tenerlos cerca. Mal hecho. Uno no debe acostumbrarse a su presencia, pero yo sencillamente no puedo. Duermen conmigo, se meten en mis sueños, sacian su sed con mis lágrimas. Trato de simular que no los veo, que no sé que están detrás de mí, que no me persiguen, que soy lo suficientemente fuerte para espantarlos. Pero se que me espían, que se asoman a mi espejo cuando me lleno la cara de crema de afeitar. Los veo, los siento caminar alrededor. Se burlan, me hacen rondas, se ríen despacito pensando que no los escucho. Se rien de mi cuando yo no puedo reírme de nada. Me hacen zancadillas en el alma cuando estoy distraído. Aparecen en los lugares más insólitos. Son inoportunos, insolentes y descarados. Me invaden, me agotan. Se turnan para ilusionarme con algo, pero aparece otro y me roba la ilusión de un zarpazo. Eso no se hace. Los espanto, pero vuelven una y otra vez. Son persistentes, perseverantes, asiduos visitantes de mis noches de insomnio. Se que no debo pensarlos. Se que debo ignorarlos. Por ejemplo ahora se que me están mirando, saben que escribo sobre ellos. No quiero darme vuelta, ya no quiero verlos, quiero que se vayan. La única manera de exorcizarlos es no pensarlos. Pero no puedo evitarlo. Cuando creo que no están, aparecen. Y claro si pensé que no estaban y cuando los pienso es cuando se hacen presentes. Anoche cuando menos lo esperaba apareció un fantasma en zapatillas, se acercó sigiloso. Me sopló en la cara una brisa que me lleno de tristeza. Eso no se hace le grité. Pero se fue haciendo una mueca de burla. Eso no se hace, le repetí, pero ya se había ido y me había dejado con la sensación de que la noche era mas noche que nunca. Eso no se hace.
Permiso, ¿Puedo pisarle la vereda doña?
agosto 26, 2011Esta mañana abrí la Baulera y salió esta historia…”Nadie sabe muy bien como comenzó esa rara obsesión por las veredas limpias y brillantes que siempre caracterizó a los vecinos de Chacras de Coria, aunque ustedes no lo crean una buena vereda hablaba por los dueños de la misma. Tampoco nadie sabe porque el ritual comenzaba exactamente a las ocho de la mañana. Hubo seguramente una pionera que salió con la escoba, el balde y el lampazo a esa hora, la de al lado la vio y la imitó y así se expandió. Los implementos para hacerlo eran tres: La escoba, para sacar la tierra que el viento traía de las montañas, el balde para recoger agua de la acequia y arrojarla sobre la calle por las dudas que un auto levantara el suficiente polvo como para arruinar el trabajo de una buena Doña. Había una técnica, las más jóvenes se arrodillaban en la orilla y llenaban el balde, las más entradas en años o en kilos, implementaron un novedoso sistema: atar una soga a la manija del balde y así sacar el agua sin agacharse. Debía arrojarse sobre la calle en forma de semicírculo, cuestión de abarcar la mayor cantidad de espacio posible, si era necesario se repetía más de una vez dicha operación. Por ultimo, el más importante: “Tener un buen lampazo”, la técnica de pasado era importante, pero la de curarlo… este era el secreto que las Doñas no compartían con cualquiera y guardaban celosamente, pasaba de madre a hija como los anillos de las abuelas. El lampazo debía atravesar todo un proceso antes de salir a la calle, primero se lo empapaba con mucho kerosene , luego se le colocaba aserrín o tierra y se lo dejaba reposar unos días, se refregaba contra el suelo con fuerza varias veces durante el día , y cuando sus flecos estuvieran enredados y negruzcos, y el lampazo unas tres o hasta cuatro veces más pesado que el día que se lo compró, recién ahí, estaba curado, y no era fácil curar un lampazo, había que saber.
- Dejalo unos cuatro o cinco días en un lugar oscuro ¡Qué no le de el sol…por Dios hija!.y metele mucha tierra y mucho kerosene, cuando este pesadito lo sacas…y listo, si queres te lo curo yo…deja….Le decía Teresita Lucero a su vecina de enfrente, la Coca Di Mazzi, un ama de casa novata. Las versiones sobre como curar un lampazo eran tantas como las versiones de la preparación de un buen tuco que circulaban en un ir y venir de afirmaciones y refutaciones. Las técnicas para pasarlo, eran similares, la más utilizada era la lineal, es decir la limpieza por línea de baldosa, podía verse a las dueñas cada mañana en una coreografía infinita digna de un musical de Broadway que se extendía a lo largo de las calles. Se tomaba el palo del lampazo con ambas manos y se lo balanceaba de adentro de la vereda hacia afuera, y luego se continuaba de la misma forma con la siguiente línea de baldosas y así hasta terminar la vereda, el proceso se repetía retrocediendo sobre sus pasos. Las mañanas en el barrio comenzaban con ese ritmo especial. Las mañanas bailaban al son del vaivén de aquel palo de madera en cuyo extremo descansaban un montón de hilos entrelazados y apelmazados por la tierra, acariciando la vereda como quien refriega una manzana sobre su ropa para sacarle brillo. Si hasta daba no se que caminar por ellas cuando las estaban limpiando, todos se quedaban parados, esperando el visto bueno de la dueña para atravesarla, por eso muchos preferían caminar por la calle. Este ritual de la vereda era la manera más efectiva de comunicación, todo lo dicho en la cuadra entre las ocho y las ocho y media, se esparcía por toda la cuadra primero y luego daba vuelta a la manzana, para después cruzar a las manzanas de enfrente y abarcar el barrio completo, el tiempo que esto tardaba no fue medido nunca, pero dependía de que fuera lo que se había dicho y de quien era dicho, por ejemplo el embarazo de la hija de Don Márquez dio la vuelta al barrio en una mañana, es que el viejo era el presidente de la Unión Vecinal y la piba era soltera. Pecado imperdonable en esa época, tanto como tener una vereda sucia”. Mañana volveré a abrir la Baulera a ver que sale.
Quizás solo quería descansar
agosto 24, 2011Esa mañana se despertó extraña, liviana, casi etérea. Se sentó frente al espejo y comenzó a cepillar su pelo, se vio rubia, hermosa, imaginó una sonrisa en su rostro, recordó ese cosquilleo en la panza que tuvo antes de partir a la iglesia aquella mañana lluviosa para casarse. Pensó en sus hijos. Klaus y Nicolau que habían sido reclutados para la guerra que se avecinaba como un huracán. Maria tan segura de si misma, ahora vivía en Berlín. La pequeña Cristina, acababa de casarse y la noche anterior le había dicho que se iría con su marido a América, no soportaría otra guerra. Andrés y Cristian estaban tan lejos, en un lugar llamado Argentina. Abrió un pequeño cajón y sin dejar de cepillarse el cabello, releyó una vez más aquella carta.
Querida madre:
“Era verdad lo que decián los afiches, Argentina es una tierra hermosa llena de oportunidades, me gustaría que Ud. estuviera aca conmigo para que pudiera conocer a sus dos nietos, a la más grande le puse Doris Paulina, si, Paulina como Ud. es un bello nombre, si hasta se parecen y todo, créame es igual a Ud. El varón se llama Juan Carlos, el nombre lo eligió Amalia, mi mujer, que le manda muchos saludos. Como me gustaría que los pudiera conocer, he formado una hermosa familia. Pero sigo pensando en Alemania, en Ud., en mis hermanos, en la falta que me hacen. Espero que este contenta al saber que tiene dos hermosos nietos, los únicos hasta donde se, Cristian aún no se ha casado. Escríbame pronto, quiero saber de Ud y de mis hermanos, y le pido un favor, deje una flor siempre en la tumba de papá, de mi parte.
La ama, su hijo Andrés.”
Siguió cepillándose el pelo, se lo dejó suelto, una cabellera larga y blanca le caía sobre los hombros. Caminó hasta la vitrina y tomó una de esas tazas de porcelana que nunca usaba, se preparó un té. Se sentó a la mesa y sin ninguna razón aparente una lagrima rodó por sus arrugadas mejillas, cayó dentro de la taza. Bebió un sorbo, cruzó los brazos sobre la mesa y apoyo su cabeza. Solo quería descansar.
El escuchaba el partido, de repente sintió una inmensa necesidad de salir, tomó el tren en Virreyes y se bajó en Olivos, caminó hasta el puerto y se sentó. Fijo la mirada en el horizonte. Le dolía el pecho, sin ninguna razón una lágrima recorrió su rudo rostro. No le importó que el vendedor de lupines lo estuviera observando. Lloró, no recordaba cuando había sido la última vez que había llorado, pero esa vez las lágrimas surgían solas, se puso de pie, se sacó el sombrero y se lo colocó en el pecho en señal de reverencia. Se secó las lágrimas con el pañuelo perfumado y volvió a la estación.
Cristina volvió para despedirse y la encontró así, con los brazos cruzados sobre la mesa y la cabeza apoyada, estaba como dormida, aún tenía húmedos los ojos. El médico lo corroboró, si..había muerto de tristeza.
Es la historia de Paulina, la mamá de mi abuelo, la que se repetía en casa todas las navidades si no había un motivo para llorar. La historia que me provocó cierto temor al recordarla el día que le dije a mi viejo que me iba a Buenos Aires. “y si..se murió de tristeza nomás” , repetía mi abuela cuando la contaba. Prefiero quedarme con el pensamiento que imaginé: “sólo quería descansar”
Un elefante se balanceaba…
agosto 21, 2011Año 1977. Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, como la tela no se caía fueron a llamar a otro elefante. No se si los irresponsables son los padres o los hijos. Quizás, simplemente prefieran pensar que sus vástagos ya salidos de la edad del pavo, son capaces de cuidar la casa mientras ellos se toman flor de vacaciones solos, como antes, como cuando no tenían que andar gritando o corriendo detrás de sus hijos para que no se metieran a la boca esa agua viva, parecida a una gelatina que encontraron en la playa. Ese fue el caso de los Lambrech, mis vecinos. Un día subieron todo lo necesario a su Falcón gris y enfilaron rumbo a Mar del Plata.
- Olguita, cuida bien la casa. Vigila bien a tu hermano. Que no me vaya a llenar la casa de amigotes y me dejen todo sucio. Vos sos más grande así que cuidalo. Arriba de la mesa te deje los teléfonos del hotel y cualquier cosa la llamas a la Juanita si necesitas algo o pasa algo..Ah y fijate bien si…
- Mamá, no te preocupes tanto, ya soy grande y voy a cuidar muy bien la casa no te hagas problemas, vayan y disfruten, dijo Olga.
Apenas el auto dio vuelta la esquina, comenzó a sonar el timbre, primero llegó mi hermana Ingrid junto con la Teresita Márquez, al rato llegó la Silvia Paccacio y la Lily Dip. Prendieron el combinado y pusieron un disco de Raúl Padovani y Silvana Di Lorenzo. Estaban felices, pasarían quince días inolvidables, haciendo lo que habitualmente no hacían, planearían una fiesta, tomarían sol como lagartijas en la terraza y fumarían como murciélagos, entre otras inocentes cosas. En fin, medio curso del Santa María Goretti se mudó a aquel segundo piso de la calle Córdoba, justo al lado de mi casa. Inmediatamente debajo del departamento de los Lambrech estaba la Cruz Azul, una clínica privada. Las enfermeras comenzaron a quejarse de los ruidos provenientes del departamento. Haciendo caso omiso a los timbrazos pusieron el Winco a todo volumen.
- Que se dejen de joder, sentenció Olga, ni se les ocurra abrirles la puerta. Miren lo que tengo chicas, y sacó de adentro de una cajita de música un cigarrillo.
- ¿Vamos a fumar? Preguntó la Teresita ingenuamente.
- No, se lo voy a poner al Ekeko para que nos traiga abundancia, claro boluda que vamos a fumar dijo Olga, aunque es el único que tengo. Si alguien se anima después compramos un paquete.
- ¿Vos estas loca Olga? Si voy al kiosco y compró cigarrillos me “quemo” (entiéndase, quedó en evidencia), después el del kiosco le cuenta a mi papá que anduve comprando cigarrillos..no..no…dijo la Lily Dip.
- Uff sabía que son unas cagonas, le decís que son para tu viejo y listo, dijo Olga, mientras se contorsionaba al ritmo de “ese extraño de pelo largo”, ¡usa la cabeza nena!. Ahora vamos para el dormitorio así abrimos bien la ventana y lo fumamos.
- Ay Olga vos sos terrible, después llego con olor a pucho a mi casa y el Juan Carlos me mata, dijo mi hermana.
- No seas boluda Ingrid, sólo tenemos un cigarrillo, y somos cuatro, después te comes un chicle y listo. Vamos a la pieza.
El dormitorio de Olga quedaba justo encima de un patio interno de la Cruz Azul, abrieron las ventanas de par en par y encendieron el cigarro.
- Teresita no seas estúpida, dijo Olga, -y le sacó el cigarrillo de las manos y pito con fuerza llevándose el humo a pecho- así se fuma nena, sino lo desperdicias y tenemos este solo.
Sacó la mano afuera para que en la habitación no quedara humo y sacudió levemente el pucho para tirar las cenizas, pero aplicó más fuerza de lo necesario y el cigarrillo se escapó de sus manos…
- ¡Ay que pelotuda se me cayó!
Todas corrieron hacía la ventana y para su sorpresa el cigarrillo había aterrizado en una saliente de la pared.
- Ahí está, no se cayó, a ver si estiro la mano me parece que lo alcanzo, y Olga se estiro todo lo que pudo pero no…no llegaba.
- Ya se, vos Teresita agarrame de las piernas y yo trato de recogerlo, pero agarrame bien boluda a ver si todavía me caigo.
Y comenzaron el operativo rescate. Olga asomó medio cuerpo fuera de la ventana mientras la Teresita la sostenía de las piernas, pero tampoco llegaba, hizo más fuerza para poder agarrarlo, la Teresita era una chica flaquita y enseguida supo que no podría sostener a la Olga por mucho más tiempo.
-Dale Olga, dale que no aguanto más…y la Lily Dip agarró a la Teresita de la cintura para que aguantara un poco más, mi hermana hizo lo propio con la Lily. Un Elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, como la tela no se caía fueron a llamar a otro elefante…y los brazos de la Teresita se dieron por vencidos, ya no soportaban el peso de la Olga que hacía demasiada fuerza para alcanzar el único cigarrillo que tenían, y no dio más y la soltó. Las demás cayeron hacia atrás y sólo escucharon el estruendo del toldo metálico que se rompía y luego otro ruido sordo. Cuando se asomaron a la ventana vieron a la Olga tirada en medio de la sala de espera de la Cruz Azul con el cigarrillo aún encendido en la mano. La caída había sido de unos cuatro metros. Enseguida las enfermeras corrieron a socorrerla. Las chicas del colegio de monjas huyeron despavoridas del departamento. Olga estaba inconciente y nadie sabía lo sucedido, sólo el testimonio de una de las enfermeras que dijo ver pasar una cosa negra por la ventana del entrepiso y luego el ruido. El diagnóstico fue traumatismo de cráneo y un brazo quebrado. La versión oficial que dieron las atemorizadas testigos fue que estaban viendo la novela y el televisor no se veía bien por eso Olga se subió a la terraza a orientar la antena, perdió el equilibrio y se cayó. Los Lambrech suspendieron inmediatamente sus vacaciones. Aunque suene increíble, cayó dentro de una clínica, eso es tener suerte. Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, la tela se cortó y el elefante se cayó.
El mundo encerrado en tapas duras
agosto 21, 2011Camino a mi trabajo descubrí una Biblioteca Popular, pasé una vez y con curiosidad me asomé a una ventana medio abierta. Olía a cera. Apurado por no llegar tarde seguí mi rumbo seguí e largo. Ayer pedí permiso para entrar, cuando lo hice sentí que ingresaba a un lugar sagrado como una Mezquita ó una Iglesia. Inmediatamente mi tono de voz bajo hasta hacerse casi imperceptible, le hice un par de preguntas a la bibliotecaria y me dispuse a recorrerla. Siempre me fascinaron las bibliotecas y por supuesto, los libros. Desde que Eco, me deslumbro con “El Nombre de la Rosa”, la atracción que estas ejercen sobre mi sólo podría compararse con la atracción que ejerce la luna sobre el mar. No puedo dejar de pensar en esas estanterías cargadas de historias; el conocimiento encerrado en tapas duras, el mundo encerrado en tapas duras. Cada libro no sólo encierra la historia que el escritor plasmó en él, sino la de los cientos de ojos que se posaron sobre cada palabra, sobre cada frase, sobre cada página. Algunos arrancaron sonrisas, otros transportaron a su lector a lugares donde jamas imagino estar, algunos dejaron a más de uno boquiabierto ante una revelación inesperada. Otros nos acompañaron a la cama y se quedaron dormidos en nuestro pecho como amantes satisfechas. Muchos fueron insultados por decir verdades que no queríamos escuchar. Otros fueron castigados al ostracismo simplemente por ser libros. Otros tuvieron el destino de las brujas de Salem y condenados a morir en la hoguera. Si señores, hay libros condenados, libros prohibidos, libros vapuleados. Así como también hay libros exageradamente reverenciados, recomendados hasta el hartazgo, como si el significado hallado en ellos pudiera causar el mismo efecto en todo el que lo lee. Libros para automedicarse contra las penas, para conseguir el éxito. Libros de moda como si fueran carteras de cocodrilo. Pero no hay libros malos, así como tampoco puede haber una canción mala, la maldad no es algo que atañe a los libros, pueden agradarnos o no, pero no hay libros malos. Particularmente no tengo uno preferido, sería injusto con los demás, de todos rescate una palabra, una frase, un concepto, una historia que se parecía a mi historia. Esto es un secreto que comparto con ustedes, les pido discreción; he besado un libro, si, los he besado. Y voy a dar uno de ejemplo “Era inevitable: el olor de las almendras amargas me recuerda siempre el destino de los amores contrariados” ese comienzo provocó que lo besara. Simplemente no pude evitarlo. Por eso cuando traspasé la puerta de esa biblioteca sentí que el mundo cabía en esa habitación. No era la biblioteca de la abadía benedictina que William de Baskerville y Adso de Melk no pudieron salvar de las llamas, pero era tan sagrada como aquella. Saqué algunas fotos, sólo para compartirlas con Uds. Así como quien viaja a París no deja de fotografiar la torre Eiffel, yo no pude dejar de disparar mi cámara contra esas estanterías.
Esta hoja estaba marcada, ¿que palabra, que frase habrá empujado a quien lo leía a marcarla? quien sabe…pero debió de ser algo importante. La eligió entre cientos de otras páginas.
Según la bibliotecaria el olor a sándalo relaja e invita a la lectura, nunca lo comprobé, debe ser otro de esos mitos propios de quien convive con libros.
El Judío Errante se prepara para seguir errando, es el destino de los libros de biblioteca, siempre deben estar preparados para un viaje.
Sobre el fondo hay un estante vació, me dijo que ahí supo descansar Herman Hesse hasta que un ladrón egoísta decidió que quedaban mejor en su casa que en una biblioteca popular. Malvado.
Los de Steinbeck esperan mientras se acompañan; no es bueno estar sólo y menos en una biblioteca.
Los del Club del Clan querían estar cerca de Borges, y se dieron el gusto nomás.
De comedores inexpugnables y profiteroles
agosto 20, 2011En mi casa el comedor era inexpugnable. Un lugar sólo reservado para determinados acontecimientos. Desconozco el autor de dicha regla. Sospecho de mi abuela. Pero no tengo pruebas. Tal vez fue una convención establecida por los miembros de la familia. Algo transmitido de generación en generación. Algo genético. Viejas ancestrales costumbres culturales. La cuestión es que al comedor estaba prohibido entrar. “Le prohibieron la manzana, sólo entonces la mordió, la manzana no importaba, nada más la prohibición” escuché a los redondos decir años después sabiamente. Lo exploraba cada vez que podía. Encerrados en dos cuadros ovalados, mis bisabuelos me miraban con gesto adusto desde las paredes, como acusándome de romper un pacto familiar. Un cuadro de la tía Manuela cuando vino de visita a Mendoza, y le dio por pintar, colgaba altanero desde otra pared. Un cuadro feo. Muy feo. Pero estaba realizado por la tía Manuela, con sus propias manos. Eso le confería el suficiente valor y coraje para haberse atrevido a trepar a la pared principal.
Una mesa ovalada, marrón, pesada, dominaba el paisaje. El mantel blanco llegaba hasta el piso. También realizado por alguna tía visitante. Era el lugar ideal para escondites urgentes. De ahí a mi lugar más preciado había sólo un paso. La biblioteca. Los sillones provocaban una ruptura. No tenían nada que hacer allí. No pertenecían a ese ecosistema. Fieles exponentes de la cultura pop y del auge del poliuretano, mezclados con patas de roble talladas, barnizadas, oscuras, anticuadas. No creo que hayan sido puestos allí estratégicamente. A veces buscamos razones donde no las hay. Estaban ahí. Punto.
El piso olía a kerosén. Todos los días la abuela le pasaba el lampazo con kerosén. Tener un buen lampazo y curado con kerosén, aseguraban un brillo perfecto para pisos y veredas y el elogio seguro de las vecinas. De esto hablaré otro día.
Una de las razones esgrimidas para hacer del comedor un lugar infranqueable era el santuario de copas de cristal y de vajilla de porcelana, que yacía en la biblioteca.
La abuela ya nos había contado del regalo de casamiento de sus hermanas, una vajilla digna del emperador de china, con dragones y dibujos. “No la toquen porque se quiebran” repetía cada tanto por si algún curioso se atrevía. “Es porcelana china”(Aclaración: si dabas vuelta una taza, decía “Hecho en Paraguay”). En otro lugar de la codiciada vitrina se acomodaban unas tras otras. las “copitas de anís”, ahí podías tomar lo que quieras, pero en casa eran copitas de anís, exclusivas para esa bebida y para ninguna otra. No hay explicación , es cuestión de fe, eran de anís y punto
En la biblioteca (mezcla de mueble exhibidor, con estantes para libros, cosa rara.) había una puerta. Detrás de esa puerta, los libros. En su mayoría de mi abuelo. Muchos en alemán y otros de autores clásicos. Los tres lomos anchos del diccionario de la lengua española, atraían la mirada de cualquiera, eran gigantes.
Los sábados eran los días “del comedor” se repasaba una y otra vez los muebles, el piso, se colocaban dos sillas para sellar la única entrada. El sábado venía de visita la Tía Doris, la hermana de papá, la que tocaba el piano, la que era actriz de cine hasta que se casó y mi tío no la dejo más. El sábado era para y por ella. A las 5 de la tarde cuando sonaba el timbre y la tía dejaba su tapado de piel, sobre el sillón era la señal de que el comedor cobraba vida. El té en las tazas de porcelana, La bandeja plateada que resplandecía en la vitrina ahora estaba allí, sucia, llena de bombitas de crema y dulce de leche. Tirada sobre la mesa. Indignada. Vapuleada.
Creo que la prohibición provocó su inmediata reacción: el deseo por estar allí. Clandestinamente era una aventura. Pero los sábados me gustaba escuchar a la tía Doris. La que salió reina de la vendimia y no le dieron la corona porque no tenía manos de cosechadora (era pianista). La casada con el tío Eduardo que tenía la viña y la bodega. La que trabajó con Marcos Sucker. En fin, aunque tuviera que escuchar una y otra vez esas historias, estar en el lugar prohibido…era delicioso.
Proximamente el baño.
Operación “Tante” – segunda parte
agosto 20, 2011Yo la seguía mirando. Estaba hipnotizado.Nunca había visto una mujer así. Sentada tan derechita, con las manos sobre la falda verde de lana, entrecruzadas, inmóvil, sonriente, elegante. La Juanita que le gritaba a la araña, a mi papá, a la cortina. Mis primos cantaban una especie de canción de bienvenida, muy fea. No estoy seguro que fuera en alemán. Se las había enseñado Tía Dorís. Esa era la ventaja que tenía esa guacha, hablaba alemán. Dependía de ella para saber más sobre esa mujer. Había buscado Alemania en una enciclopedía, quedaba del otro lado del mapa. Nunca había conocido a alguien que viniera de tan , tan lejos. Mi curiosidad estaba en niveles alarmantes. Necesitaba información, urgente.
- Tia, tía preguntale de la guerra.
- Noo..de eso no habla la Tante.
- Pero no le preguntaste…
- Dale preguntale si caían bombas..
- De eso no va a hablar, son tiempos feos…dijo tajante
- Entonces preguntale como era el avión ¿cuanto tardo?
Me miró con una sonrisa complaciente y le dijo algo, ella le contestó con dos palabras y se rieron…
- ¿Que te dijo tía?
- Nada, nada…
La odie. A través de ella no iba a poder saber nada. Sólo mi viejo hablaba, mejor dicho entendía lo que decían, pero se negaba a hablar. Cosa extraña, más tarde entendí el porqué.
Mientras tanto, la Juanita ya había recuperado la compostura y había servido el té. Trajo una torta de chocolate rellena con banana y duraznos, mojada con un licor. Tía Dóris objetó que era un torta muy pesada,”le puede caer mal”,le dijo en un tono pausado y enseguida se dirigió a la Tante y le dijo algo, mientras señalaba la torta. Le dijo a Juanita que porque no se había hecho un strudel. Juanita le respondió, “que tenía que comer cosas de acá” y hundió el cuchillo en el centro de la torta como asesinándola, corto una tajada enorme, de ella asomaban los duraznos amarillos y la banana con dulce de leche se movió al apoyar el plato, se la sirvió a Tante.
Yo imagine que no la iba a comer, la tía ya se había encargado de ponerla en sobreaviso. Estaba seguro de eso. Mientras Dóris y la Tante hablaban, cada tanto mi tía nos decía un poco de lo mucho que proporcionalmente hablaban, eso me di cuenta enseguida. O se necesitaban muchas palabras para decir una cosa, o se nos ocultaba información.
- Dijo que la otra hermana del abuelo, tuvo un hijo…y que Nicalau falleció hace varios años. Dijo que estuvo esquiando en Suiza.
Cuando todos terminaron el té (menos yo que seguía comiendo la torta de bananas de mi vieja que era (es) mi preferida) Tía Dóris dijo que seguramente estaba cansada, que fuera a cambiarse y dió por terminada la bienvenida.
En el plato de Tante estaba intacta la porción de torta.
- Viste, hubieras hecho un strudel..
- Que se joda, no sabe lo rico que esta…
- Bueno, Juanita, no te enojes…(sonriente)
Tía Doris 2 – Juanita 0.
Subí un fotito dominguera
La Máquina (Parte 2)
agosto 15, 2011Agnelli caminó bajo una torrencial lluvia, en su saco llevaba el arma y la libreta, cada vez que pensaba en ello se mordía el labio con más fuerza, hasta que sangró. Estaba dispuesto a todo, la ambición lo cegaba y la envidia no lo dejaba pensar con claridad. Era un león tras su venado, sólo lo movía su instinto, no había una pizca de razón en lo que estaba por hacer. Su labio sangrando, su cara mojada y sus ojos inyectados lo hacían parecer más al Dr. Jekill que a Mr. Hide. Se detuvo en la esquina del taller y se dispuso a esperar. Encendió un cigarrillo, pero una gota inoportuna lo apagó. Lo arrojó con furia al suelo.
Andrés arrimó un balde a una gotera que se filtraba por el techo, el prototipo de “la maquina” estaba casi listo. Usaría una grúa y modificaría la pluma para que girara de izquierda a derecha en vez de arriba hacia abajo, la altura se regularía con un sistema hidraúlico y una lámina de hierro perpendicular haría de alisadora. Según sus cálculos “La Maquina” podía hacer el trabajo de 10 hombres en menos de una hora, y sólo necesitaba a alguien diestro para manejarla, había pensado en el ruso Kolinsky. Apagó la luz y se fue a dormir.
El amanecer encontró a Agnelli en la misma esquina, se había quedado dormido parado como los caballos. Amália preparaba el desayuno y al mirar por la ventana vió a ese hombre allí en el mismo lugar que lo había visto la noche anterior mientras lavaba los platos, le pareció extraño.
- Andrés, ese que esta ahí en la esquina ¿no es Agnelli?
- ¿Donde Amália? a ver, y se asomó por la pequeña ventana
- Si creo que es él ¿que hace ahí? ¿estará esperando el camión?, sabe que hoy no le toca, ¿estas segura que lo viste anoche?
- Si, si cuando empezó la tormenta me pareció ver un hombre, pero no podía verlo bien.
- ya vengo, voy a ver que quiere.
Camino despacio, como siempre lo hacía y le tocó el hombro. Agnelli dio un salto y su cara soñolienta se fue transformando poco a poco hasta parecerse al Agnelli que esperaba bajo la lluvia.
- Tano, ¿que estás haciendo acá? hoy no te toca el camión, es martes.
Agnelli lo miró con odio y le arrojó la libreta en la cara. Cuando Andrés se agachó a recogerla sonó el primer estruendo seco, sintió un golpe fuerte y un dolor intenso como si lo quemaran con un tizón ardiente. Cayó de rodillas, se tomó el brazo y lo miró a los ojos
- ¿que mierda hiciste?
- Lo que tendría que haber hecho hace rato
Y volvió a escuchar ese ruido y un golpe en la cabeza lo tiró de espaldas. No se movía y la sangre comenzó a salir despacio, apenas unas gotas manchaban la vereda.
Agnelli guardó el arma. Metió la mano en el bolsillo derecho de Andrés y sacó las llaves. Escuchó los gritos de Amália y corrió hacia el camión. Manejó unos pocos kilómetros hasta el dique Cipolleti, mil cosas cruzaron por su cabeza, por primera vez se sintió humano y en su cabeza sólo retumbaba un ¿que hice?. Cuando llegó al vertedero de la represa giró bruscamente el camión y este dio varios tumbos hacia abajo, se detuvo justo en la orilla del pequeño lago que formaba el dique, sin pensarlo abrió la puerta y se arrojó. Flotó como una hoja seca hacia el embudo que formaba un remolino y que distribuía el agua hacia los canales de riego. Los testigos dijeron que giró unas cuantas veces antes de desaparecer en el gran embudo. Hallaron su cuerpo días después atascado en un desague.
-¿Abuelo que es esa bolita que tenés en el brazo? pregunté.
- Una bala
- ¿De la guerra?
- Si querido de la guerra.
- ¿ Y te dolió? ¿porqué no te la sacaron?
- Dolió un poco, y no la sacaron porque esta justito cerca de la vena ¿ves? y no podían sacarla así que la dejaron.
La otra bala sólo le rozó la cabeza y por instinto de alguien que había atravezado una guerra, se quedó inmóvil para que el pobre tano pensara que lo había matado.
La máquina se llamó “enlucidora de túneles” se patentó en 1941. Fue ascendido a capataz y la Siemens Baunión se quedó con los derechos de la patente, a cambio de una casa. La de Chacras de Coria. Siempre que iba al cementerio se detenía en la tumba de Franco Agnelli y le dejaba una flor, el viejo sabía de los estragos que puede hacer la codicia y la soledad. No había rencores.
La Máquina
agosto 12, 2011Franco Agnelli había encontrado el bosquejo en el camión, lo giró al derecho y al revés para entenderlo.
-Una máquina es… ¿pero para que mierda sirve?, y este nazi hijo de puta encima lo escribió en alemán…¿En que anda este? ¿será para el laburo? si, es para el laburo sino no estaría en el camión.
Dobló cuidadosadamente el papel y lo colocó nuevamente en la guantera, lo copío torpemente en su libreta y bajó, metió la mano en el bolsillo de su saco y apretó la libreta como intuyendo que eso que había encontrado no era nada bueno. El y su sombra de luz de la calle dieron la vuelta a la esquina.
Andrés vio el rancho y al hombre por la ventanilla, frenó bruscamente obedeciendo su instinto. Bajó casi corriendo y se presentó.
- Buen dia compadre (asentuando la “r”, siempre remarcaba muy fuerte esa letra al hablar) me llamo, Petersen y trabajo acá en la central, justo pasé y lo vi contruyendo esto, ¿que es?
- ¿Como me dijo que se llama?. Petersen volvió a repetir Andrés.
- Mucho gusto Don Peterson, Jesús Bergara a sus órdenes y esta es mi mujer, la Cruz, y esto que ando armando es un horno de barro.
- ¿Es para cocinar no?, dijo Andrés
- Asi es Don Peterson, aca metemos los chivos y la Cruz hace las empanadas.
- ¿Puedo verlo por dentro?
- !Claro hombre! meta la cabeza por ahí y june lo que quiera.
Andrés se agacho y miró dentro de la estructura abovedada, estaba contruída con adobes y formaba un perfecto semicírculo alargado. Por dentro estaba revestido con una capa de color blanco.
- ¿Como hizo para poner esa mezcla tan pareja?
- Con el palo, dijo Jesús, y tomó un madero con forma de “T”. Un simple palo para pasar el trapo de piso, pero él le había cortado el mango, de manera tal que fuera más corto.
- ¿Me mostraría como lo hace?
Jesús se metió acostado boca arriba dentro del horno, puso un poco de mezcla en un fratacho y lo pasó por el techo, después tomó el palo y distribuyó la mezcla de tal forma que la superficie quedó perfectamente alisada.
- Antes la tiraba así nomá y después le daba con el fratacho, pero eso me llevaba mucho tiempo, comentó Jesús.
Siguieron hablando un rato y luego se despidieron. Antes de llegar al camión sacó un papel y comenzó a dibujar hizo algunas anotaciones y lo guardó en la guantera.
-Cómo no se me ocurrió antes, dijo rascandosé la cabeza, y se subió exultante.
Llegó a su casa. Le dio un inusual abrazo a su esposa Amalia y levantó en brazos a sus dos hijos, Juan Carlos y Dóris. Luego se dirigió a su taller y comenzó a dibujar un plano detallado de lo que sería “La maquina”. Al día siguiente, guardó el plano en una carpeta. Salió como siempre en su Ford 40 y partió a la central. Se puso a mirar la construcción. Un túnel debía desviar el agua del río por 20 kilómetros hasta un dique aguas abajo. Debía ser lo suficientemente grande. Se podía entrar fácilmente con el camión dentro de él, la Central Hidroélectrica de Alvarez Condarco era la primera en su tipo y tenía que estar lista en 1 año. Era casi imposible hacerlo ,se necesitarían más hombres o una máquina para lograrlo. Entró en la oficina del capataz y le mostró el plano. El hombre miró con mucha atención el diseño de “la máquina”.
Agnelli era un tano petiso, solterón, ambicioso y resentido, nunca había podido sobresalir en nada. Tenía un odio especial hacía Petersen, aunque compartián el trabajo y el camión desde hacía tiempo, se sentía eclipsado por ese hombre que siempre se le ocurría algo que ponía contento al capataz. Con la ayuda del viejo Knie, un pobre anciano que todo el tiempo repetía que había sido marinero del “Graf Spee”, logró descifrar aquellas palabras y se había dado cuenta de que se trataba.
-Este “nazi” hijo de puta no puede presentar esto – repetía en voz alta tirado en su catre de la pensión – en la Siemens Baunión lo van a ascender a jefe y yo seguiré siendo un obrero, No. No voy a dejar que lo haga. Si tengo que matarlo, lo mato. Abrió el cajón de su mesa de luz y sacó su revolver, revisó que estuviera cargado, lo guardó en el bolsillo de su saco y salió. Continuará…
De rayos, remolachas y zapallos
agosto 12, 2011Los veranos son lindos cuando llueve, el agua levanta el aroma de la tierra mojada y el viento se encarga de anunciar que se viene el aguacero. El famoso olor a lluvia; estaba arriba de la medianera de los Lerena y lo sentí, le grité a mi madre que ya se largaba y ella presurosamente salió al patio a destender la ropa, me senté en la medianera mirando asombrado la habilidad y rapidez que tenía para sacar y volver a poner en el alambre los broches. Cuando terminó me dijo muy enojada:
-Bajate de ahí! ¿No ves que te podes caer?, ¿cuantas veces te dije que no andes por encima de las medianeras? Además viene tormenta y te puede caer un rayo. ¡Bajate ya mismo de ahí!
Lo que me convenció para bajar no fue el temor de caerme. Sino la amenaza del rayo…ese famoso rayo que mató a los abuelos del abuelo en una carreta en Alemania mientras venían de cosechar remolachas; según la tradición oral de mi familia nuestros ancestros tenían un campo sembrado y na tarde fueron a verlo….dicen que el rayo le cayó a mi tatarabuelo en la cabeza, pero también mató a mi tatarabuela y a los dos caballos. Esa historia la escuché en todas las navidades y años nuevos, algunas veces eran remolachas, al otro año eran patatas, otro año la abuela se permitió corregir al abuelo
- No eran remolachas, si tu hermana escribía que los camotes crecían cada vez más gordos, ¿no te acordás?
Los pormenores de cómo habían quedado los cuerpos también eran variables, adiviné que de acuerdo a la cantidad de sidra consumida el relato de la “muertes de los abuelos del abuelo por un rayo” iba variando, no en su esencia, pero si en los detallesrde sentí una necesidad incontrolable por saber más datos ya que mi imaginación me los pedía, comencé por interrogar al abuelo
- ¿Vos viste abuelo cuando les caía el rayo?
-Claro. Estaban cerca de la casa en que vivíamos, yo estaba parado en la puerta gritándoles que se apuraran que venía la tormenta y de repente…me quedé como ciego, una luz entre la cabeza de mi abuelo y el cielo explotó …fue lo último que vi hasta que se me pasó la ceguera, después corrimos hasta donde estaba la carreta y ahí estaban…a mi abuelo le había explotado la cabeza como un zapallo, la abuela estaba dura, toda negra, sentada en la misma posición y con los ojos salidos, a la abuela le tuvieron que cortar las piernas para poder meterla en el cajón, no había forma de enderezarla.
La psicología infantil no era un tema que el abuelo manejara con soltura, no imaginaba lo que podía causar en la cabeza de un niño semejante descripción. No pegué un ojo en toda la noche, los detalles morbosos de la historia del rayo superaban ampliamente mi poder de imaginación. “le cortaron las piernas para meterla en el cajón”…Al fin me dormí. ¿Adivinen con quien soñé? Con rayos pensarán. No. Soñé con un hombre con cabeza de zapallo. Posta.

Escrito por eternauta2 














