No tuve pediatra

 

Las corbatas curan. Los cinturones creo que también sirven. Un plato en la cabeza con la mitad de agua, aceite, una papa partida al medio y arriba un fósforo, era el único remedio infalible para el mal de ojos. Los primeros curan el empacho, y la pregunta es inevitable ¿que es el empacho?, no se sabe muy bien. Es un malestar estomacal, el nene se pone amarillo, vomita, no come…es ahí cuando se necesitaban con urgencia ciertos, digámosle…”sortilegios”. La Juanita no dudaba en llevarme a “Doña Bragagnolo”. Le tenía una fe ciega. No tuve pediatra, tenía una mujer que me rezaba y me tiraba el cuerito de la espalda. Si sonaba, estaba empachado, sino, “llévelo al médico señora”. Una vez se lo dijo, pero con voz firme, “¿No se dio cuenta que tiene dos bolas, acá en el cuello?”, y le hizo ponerme la mano. “Estas son paperas”, llévelo al médico. Eso le otorgó, ante mis ojos, cierta credibilidad. Conocía poco de ella, sabía que iba a misa todos los días, a la mañana. Su hijo tenía un corralón y yo conocía al nieto porque jugaba con él. Una familia normal, con la salvedad de que en la casa había una abuela que curaba empachos. Había que hacer cola para que te atendiera, había que ir temprano a la tarde; venía gente de todos lados para que Dona Bragagnolo los curara. Ella era una mujer rellenita, de cara redonda y ojos muy celestes. Te hacía pasar a una habitación llena, y cuando diga llena, digo hasta el techo, de santos, vírgenes, cruces, velas. Una vez me asustó ver un San Cayetano tamaño natural. Había una camilla, te levantaba la remera, te tocaba la panza, y rezaba, rezaba muy bajito. Después te ponía de espaldas, y te tiraba el cuerito. Era un tirón en las vértebras que limitan con el tan famoso huesito dulce. Dolía. A veces sonaba y ese malestar que sentía, desaparecía inmediatamente. Ella no paraba de rezar. Después le decía a mi mamá, cosas como: “que coma mucha papa” “Déle camote”. Volvía a casa y le contaba a mi abuela, “ahora vas a ver que vas al baño y haces caca verde, porque el empacho es eso, caca que te se te queda en los intestinos y cuando Doña Bragagnolo te tira el cuerito se te despega toda esa caca fea que tenías ahí, los médicos no curan el empacho, hay que saber curarlo. Esta definición de empacho la voy a incluir en wikipedia. “Caca fea” no suena muy científico, pero grafica bien lo que es un empacho. Realmente creo que curaba, tenía algo, no puedo explicarlo. No era una curandera común y corriente. Recuerdo que en ese lugar lleno de santos había olor rico, no puedo especificar a que, sahumerios no eran, seguro. Pero era un aroma dulzón. Ahora que lo veo a la distancia, yo sabía que lo que tenía se me iba a pasar si iba con esa mujer. Fe transmitida seguramente por la irresponsable de la Juanita, que no era precisamente una experta en psicología infantil y me hacía creer cosas increíbles. Escribí esto pensando en un historia que escuche de un chanta que curaba el cáncer con unos juguitos…y pensé en Doña Bragagnolo, parecerá extraño, pero la rodeaba cierto aire de santidad. Mis amigos de Luján no me dejarán mentir.

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