Operación “Tante” – La gran final

noviembre 23, 2008

chacras-de-coria (esquina cerca de casa)
A pesar de los pedidos de Tía Dorís, Tante decidió pasar sus dos semanas en Argentina en Chacras de Coria, muy elegantemente se negó a las pretenciones de mi Tía para llevarla a su cómodo semipiso en el centro. Disfrutó mucho tomando mates con Juanita bajo el parral y comiendo duraznos y ciruelas arrancados por mi del arból de los Lerena (mi vecino). Poco a poco encontramos la manera de comunicarnos, diccionario alemán – español, un poco de mi pobre inglés y señas, muchas señas. Estaba extasiada con la fisonomía de mi pueblo, sorprendida de la cantidad de árboles, el aire fresco de la montaña y las acequias. Tía Dorís vino toooodos los días a supervisar su estadía (y a insistir que en el centro entaría mucho más cómoda), pero Tante se negaba con un “Nie” y eso despertaba en Juanita una sonrisa. Yo supe más de la guerra que en un documental del Discovery. El día de la despedida, pidió que la Juanita hiciera su torta de bananas con chocolate. En un inolvidable instante, Dóris se levantó para ir al baño, su pesado tapado de piel estaba en el respaldo de la silla. Arquímedes tenía razón, lo comprobé ese día. Mientras la Tía permanecía sentada, la resistencia ejercida por el tapado era anulada por su peso en la silla, pero al levantarse, el punto de gravedad se traslado hacía atrás y era sólo cuestión de tiempo para que la silla volcara, eso ocurrió justo cuando Dorís se disponía a sentarse, su caída fue estrepistosa y aparatosa, su pollera se levantó dejando ver sus partes más íntimas. Su cabeza pegó contra el asiento de la silla de roble, provoncándole un desmayo (creo que fue una treta para no quedar en ridículo). Miré a la Juanita, parecía ajena a todo el caos a su alrededor, no creo que lo haya disfrutado, después de todo es mi vieja y siempre me inculcó no burlarse de las desgracias ajenas, pero ese día…mmm..no se..creo que lo saboreó. Una vez recuperada Dorís, cargamos las valijas en el Torino de mi Tío Eduardo. Pero nunca arrancó. Papá sacó su Valiant II rojo del garage, ese con alerones y faros como el batimóvil, todos nos subimos y no quedó espacio para la pobre Tía que nos saludaba mordiendose los labios desde la vereda. Game over.


Operación “Tante” – Parte 2 (Juanita 0 – Tia Dorís 2)

noviembre 18, 2008

Yo la seguía mirando. Estaba hipnotizado.Nunca había visto una mujer así. Sentada tan derechita, con las manos sobre la falda verde de lana, entrecruzadas, inmóvil, sonriente, elegante.. La Juanita que le gritaba a la araña, a mi papá, a la cortina. Mis primos cantaban una especie de canción de bienvenida, muy fea. No estoy seguro que fuera en alemán. Se las había enseñado Tía Dorís. Esa era la ventaja que tenía esa guacha, hablaba alemán. Dependía de ella para saber más sobre esa mujer. Había buscado Alemania en una enciclopedía, quedaba del otro lado del mapa. Nunca había conocido a alguien que viniera de tan , tan lejos. Mi curiosidad estaba en niveles alarmantes. Necesitaba información, urgente.
- Tia, tía preguntale de la guerra.
- Noo..de eso no habla la Tante.
- Pero no le preguntaste…
- Dale preguntale si caían bombas..
- De eso no va a hablar, son tiempos feos…dijo tajante
- Entonces preguntale como era el avión ¿cuanto tardó?
Me miró con una sonrisa complaciente y le dijo algo, ella le contestó con dos palabras y se rieron…
- ¿Que te dijo tía?
- Nada, nada…
La odie. A través de ella no iba a poder saber nada. Sólo mi viejo hablaba, mejor dicho entendía lo que decían, pero se negaba a hablar. Cosa extraña, más tarde entendí el porqué.
Mientras tanto, la Juanita ya había recuperado la compostura y había servido el té. Trajo una torta de chocolate rellena con banana y duraznos, mojada con un licor. Tía Dóris objetó que era un torta muy pesada,”le puede caer mal”,le dijo en un tono pausado y enseguida se dirigió a la Tante y le dijo algo, mientras señalaba la torta. Le dijo a Juanita que porque no había hecho un strudel. Juanita le respondió, “que tenía que comer cosas de acá” y hundió el cuchillo en el centro de la torta como asesinándola, cortó una tajada enorme, de ella asomaban los duraznos amarillos y la banana con dulce de leche se movió al apoyar el plato, se la sirvió a Tante.
Yo imagine que no la iba a comer, la tía ya se había encargado de ponerla en sobreaviso. Estaba seguro de eso. Mientras Dóris y la Tante hablaban, cada tanto mi tía nos decía un poco de lo mucho que proporcionalmente hablaban, eso me di cuenta enseguida. O se necesitaban muchas palabras para decir una cosa, o se nos ocultaba información.
- Dijo que la otra hermana del abuelo, tuvo un hijo…y que Nicalau falleció hace varios años. Dijo que estuvo esquiando en Suiza.
¿ Esquiar? pensé, no puede ser, tiene la misma edad que mi abuela, y mi abuela apenas si camina. Imposible.
Cuando todos terminaron el té (menos yo que seguía comiendo la torta de bananas de mi vieja que era (es) mi preferida) Tía Dóris dijo que seguramente estaba cansada, que fuera a cambiarse y dio por terminada la bienvenida.
En el plato de Tante, estaba intacta la porción de torta.
- Viste, hubieras hecho un strudel..
- Que se joda, no sabe lo rico que está…
- Bueno, Juanita, no te enojes…(sonriente)
Tía Doris 2 – Juanita 0.


Operación “Tante”

noviembre 18, 2008

Mamá nunca fue una buena anfitriona. Quedó demostrado cuando mi abuela pronunció aquellas palabras: “Viene la Tante”, lo dijo en medio de una cena, “Ayer hable con Dóris y me dijo que llega en dos semanas”. La Oma se dió cuenta de mi ignorancia supina y se dispuso a contarme: “La Tante, la hermana de tu abuelo, la que vive en Alemania, la menor de los 5 hermanos de tu abuelo Andrés. “¿Vos la conoces Oma?”, pregunté yo exaltado al escuchar que que venía un ser de Europa. No. Respondió la abuela, “Desde que tu Abuelo se fue de Alemania a los 20 años, nunca más volvió a ver a su familia, y ahora viene Mary, su hermana menor a conocer a la familia que el formó acá, o sea nosotros”.
El operativo Tante
Se puso en marcha ese mismo día. Había que preparar todo para recibirla. Tía Dóris, más habituada al roce social, ya que el casamiento con un bodeguero, la había catapultado a la categoría ABC1, se hizo cargo de la organización. Nosotros fieles exponentes de la clase media setentista no estábamos acostumbrados a recibir visitas y menos de Europa. Dóris recorrió la casa y sentenció: “Lo mejor será que duerma en la habitación del nene (o sea yo) eso si, le dijo a papá, vas a tener que pintarla un poco”. Así vi como eran arrancados mis posters de Meteoro y la habitación pasaba de un cremita a un blanco inmaculado. Yo, bueno yo fui confinado a dormir al impenetrable comedor, al sofa-cama. Fueron dos semanas de un intenso cambio en la fisonomía del hogar, Mamá limpiaba frenéticamente cualquier vestigio de suciedad, para eso había comprado todo un arsenal de productos de limpieza que jamás había visto ni usado. La Juanita sólo usaba un poco de lavandina y santo remedio, pero esta vez había limpia vidrios, limpia azulejos, limpia horno, lustra pisos, lustra muebles. Recuerdo el denodado, pero infructuoso intento de mi abuela arriba de una escalera, tratando de sacar una gran mancha de Coca Cola del cielo razo, producto de una discusión entre mis progenitores, Mamá le arrojó con poca destreza un botellazo a Papá que fue a dar justamente a ese rincón. Papá lo usó siempre en cada discusión para victimizarse como parte de un intento de homicidio.
Llegó la Tante
Al aeropuerto irían mis tíos, Dóris nunca lo dijo, pero era impropio que Papá usára el Valiant II colorado para traerla, era más oportuno el Torino de mi tío. Enfundada en un tapado de piel que le llegaba hasta los tobillos, fueron a buscarla al aeropuerto. Después de un par de horassieff por fin llegaron. La Tante era la mujer más alta que yo hubiera visto jamás. Rubia, de ojos celestes, de modales elegantes. Sólo sonreía, no hablaba nada de castellano y nosotros nada de alemán, a pesar de que Papá estudio en la Bismark Schule de Villa Ballester, el idioma de Goethe se había diluído en los talleres de YPF. Tía Dóris ofició de traductora. Viuda, sin hijos, Tante inmediatamente fijó su mirada en mi, para envidia de mis primos que no dejaban de pronunciar palabras en alemán para llamar su atención, pero ella sólo me miraba a mi. La casa relucía, las cortinas nuevas del living habían sido una gran inversión pero valían la pena. Tomamos el té, yo la miraba absorto, como si fuera una reina. Ella me miraba todo el tiempo y no dejaba de acariciar mi pelo largo oscuro, casi con curiosidad. De repente Tante señaló la cortina, una araña patona se desplazaba de arriba hacia abajo. Tía Dóris se atragantó con una masita fina, pero mamá rápida de reflejos corrió en busca de su flamante set de aerosoles, se colocó a una distancia prudencial y disparó.En vez de un rocío, el envase escupió una espuma blanca espesa, es que no era el insecticida, era el limpia hornos, no sólo mató a la araña sino que en cámara lenta fue apareciendo un agujero en la cortina producto del ácido, no dejaba de crecer en la medida que la espuma se esparcía. “La puta madre que los remil parió” disparo la Juanita en un perfecto castizo, “con lo cara que salió la cortina”, Tía Dóris escupió el té, dejo caer la masita de crema y un silencio sepulcral invadió el comedor. Mi tía comenzó una táctica de distracción hablándole en un alemán, mezclado con español e inglés, producto de los nervios, pero la Tante sólo miraba como crecía el agujero en la cortina. “Araña hija de puta”, volvió a gritar la Juanita, sin importarle la Tante, creo que sólo pensaba en el medio sueldo que habían costado aquellas telas. Bienvenida Tante al subdesarrollo.
Continuará.


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