De la eternidad de los ángeles y la finitud de los fideos

diciembre 5, 2008

ventana-cerrada
Dicen que cuando una puerta se cierra Dios abre una ventana. Es una frase hecha que él escuchó decir muchas veces, cuando algo se terminaba, o cuando una oportunidad se iba en el tren de las 5 y media. Sus puertas y ventanas estaba abiertas de par en par. Pero un día de sol, la noche se apoderó de todo, una noche que duraría mil noches. A él nadie le había hablado nunca del dolor, lo había visto en otros, pero no podía sentir lo que otros sentían, solo imaginarlo. Siempre tenía a mano un “lo siento mucho” por las dudas. Cuando conoció el dolor, no supo que hacer, era tan intenso que pensó que duraría para siempre. Sabía, porque lo había dicho, que el amor sería eterno. Pero el amor no le aviso que se iría de repente, nada hacía presagiar lo que vendría. Tampoco sabía que el dolor se transforma en otra cosa, en él se transformó en ira. A todo y a todos, sobre todo hacia él. Rompió la puerta de una patada y destrozó esa ventana que nunca se abrió a cascotazos. No se dio cuenta que había salido. Ayudado por uno de los instintos más primitivos, la furia. Cuando por fin se dio cuenta de que estaba afuera, no reparó en que había atravesado el umbral del dolor. Sólo pensó en sobrevivir.

ventana-rota

Se abocó a la tarea de rescatar lo poco que había dejado el Big Bang, y se refugió en los pasteles de papa de su madre, en la brocha de afeitar de su padre, se refugió en los amores incondicionales. Los que siempre están. Se dio cuenta de que la resurrección no es privativa de los Mesías y de que hay mil maneras de morir, no sólo cuando se deja de respirar. Se reconstruyó como pudo. Usó muletas, sin darse cuenta las usó, y no es bueno andar con muletas si no son absolutamente necesarias, pueden confundirse con cualquier otra cosa. A pesar de cometer muchos errores y de equivocarse, resucitó, aunque parezca una blasfemia, así ocurrió. De golpe había aprendido que la vida no avisa. No pone carteles.

cartel

Decidí escribir en tercera persona, para leerme desde otro lugar, para salir un poco del yo, del mi. Quería saber de donde vengo y porque a veces busco el reconocimiento. No es una respuesta definitiva, pero creo que lo único que rescate del desastre del abandono, fue un cachito de Andrés hecho pelota, y lo cuidé y alimenté, creo que exageré y ahora puede que tenga sobrepeso. El equilibrio es algo desconocido para mi, pero a veces me acerco. Puedo corregir algunos vectores que están desfasados. Aprendí que la magnitud del dolor no es proporcional al daño, que no se debe atravesar una calamidad para verle la cara, que todos sufrimos aunque a nosotros ese motivo nos parezca banal. También se llama dolor, y duele.Tal vez me salga de mi más seguido, ya aprendí que nada es para siempre, que hay que disfrutar de todo, de los amigos sobretodo porque también pertenecen a la especie de “los incondicionales” ,aprendí que la eternidad esta hecha para los ángeles, no para los hombres, somos finitos, como los fideos y tenemos que aprender a vivir con eso.


Viajando…

diciembre 2, 2008

moras1
Miel pura se vende, dulces caseros se venden…ya comencé a experimentar los efectos del cambio de aire. Nunca escribí mientras viajaba. Buen momento para hacerlo por primera vez. Molinos en desuso y olvidados. Molinos sin cordura. Me arde, me quema, deje la sangre en la arena…Voy rumbo a un reencuentro. Amigos, empanadas y vino. Salsas caseras, vizcachas, miel y molinos, más molinos. Voy mirando hacia el oeste el punto cardinal donde nací. Una flecha me invita a doblar hacia San Pedro, apunta, me provoca seguirla, pero ahora no controlo mi rumbo, mi destino está en manos de un chofer de colectivos de camisa celeste.
¡Peligro! animales sueltos…¿es un aviso para nosotros o para ellos?. Miel pura, pura miel, quiero miel…
Quiero llegar, pero me gusta el transcurrir, la distancia entre el punto A y el punto B, esta lleno de amarillos, de verdes, de miel, de molinos, de hoteles cargados de líbido que esperan por amores rápidos, fugitivos, amores pagos, en efectivo, amores cash, no se reciben tarjetas. Sentí rabia al pasar por un barrio cerrado; las casas privadas de su libertad me provocan rabia. Que se encierren ellos, pero las casas no, las casas deben ser libres.
Estamos llegando, no se lo que me espera, dejé de lado los planes y los planos, sólo me guían las ganas y el reencuentro. Quiero miel, pura miel.


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