Medianeras

diciembre 11, 2008

Las hay de los más diversos tipos. Algunas bajitas. Otras blancas y radiantes como una novia. Otras altivas mostrando su latex para exteriores que miran con desdén a sus vecinas mas viejas y con menos suerte, descascaradas y convertidas en un remanso para gatos cansados de buscar el amor en las calles cargadas de decibeles. Son ellas, las medianeras, el límite entre mi espacio y el espacio de los de al lado. El límite entre mi mundo y el mundo desconocido de los García.
Crecí pensando que las medianeras eran malformaciones provocadas por algún virus urbano. Los lotes angostos. Los baldíos, que cobijan la más diversa flora subtropical, contrucciones en altura desordenadas y desprolijas. Hasta que logre ver la utilidad de esos lienzos de ladrillo donde algún artista dejaba su impronta en aerosol. Las faltas de ortografía que algun adolescente, creciendo desenfrenadamente, le grita al mundo su amor por Ana.
Dentro de los límites de las medianeras, Maria puede dar rienda suelta a su pasión por los malbones, a tomar sol sin pudor sobre una toalla húmeda imaginando que ese fuentón naranja donde aplaca el calor de los eneros, es un manantial que brota de un solitario surtidor que emerge tímido y solitario entre los gruesos ladrillos. 30 centímetros separan a María de los discursos de Juan, de sus do de pecho en camiseta, de su ritual del vermouth a la tardecita. Nadie nos ve. Nos protegen de la mirada furtiva de los curiosos, de la crítica ácida de nuestras vecinas, esas que quisieran tener la altura de la medianera para poder tener una visión exacta y panorámica de lo que pasa en nuestro patio trasero y multiplicarlo a viva voz en la verdulería.
Hay quienes con mucha imaginación logran pasar ese límite, es el caso de los hijos de Aurora que a fuerza de paciencia y destreza lograron abrir un pequeño agujero por donde pueden espiar el universo de Maria. Contemplar sus curvas mientras el sol acaricia su epidermis. Se excitan tempranamente con las marcas blancas que le deja la bikini.
Con la excusa de podar el duraznero, Lorenzo se asoma al misterioso espacio rectangular de Daniel, un cementerio de botellas de vino y de cerveza se apilan a un costado, son vestigios de reiterados arranques de soledad crónica que solo se calman de a ratos con encuentros efímeros, con mujeres efímeras.
Como leones marcando su territorio de caza, nuestras medianeras nos hacen dueños de nuestro espacio, de nuestro tiempo. Nos dan la libertad de tirar esa cascara de banana en el medio del patio sin remordimientos. Nos separan y nos unen. Nos acercan y nos alejan. Nos hacen sentir esa curiosidad obsena por saber que pasa del otro lado.

También está la versión sonora para aquellos que le da fiaca leer.


Operación “Tante” – Parte 2 (Juanita 0 – Tia Dorís 2)

noviembre 18, 2008

Yo la seguía mirando. Estaba hipnotizado.Nunca había visto una mujer así. Sentada tan derechita, con las manos sobre la falda verde de lana, entrecruzadas, inmóvil, sonriente, elegante.. La Juanita que le gritaba a la araña, a mi papá, a la cortina. Mis primos cantaban una especie de canción de bienvenida, muy fea. No estoy seguro que fuera en alemán. Se las había enseñado Tía Dorís. Esa era la ventaja que tenía esa guacha, hablaba alemán. Dependía de ella para saber más sobre esa mujer. Había buscado Alemania en una enciclopedía, quedaba del otro lado del mapa. Nunca había conocido a alguien que viniera de tan , tan lejos. Mi curiosidad estaba en niveles alarmantes. Necesitaba información, urgente.
- Tia, tía preguntale de la guerra.
- Noo..de eso no habla la Tante.
- Pero no le preguntaste…
- Dale preguntale si caían bombas..
- De eso no va a hablar, son tiempos feos…dijo tajante
- Entonces preguntale como era el avión ¿cuanto tardó?
Me miró con una sonrisa complaciente y le dijo algo, ella le contestó con dos palabras y se rieron…
- ¿Que te dijo tía?
- Nada, nada…
La odie. A través de ella no iba a poder saber nada. Sólo mi viejo hablaba, mejor dicho entendía lo que decían, pero se negaba a hablar. Cosa extraña, más tarde entendí el porqué.
Mientras tanto, la Juanita ya había recuperado la compostura y había servido el té. Trajo una torta de chocolate rellena con banana y duraznos, mojada con un licor. Tía Dóris objetó que era un torta muy pesada,”le puede caer mal”,le dijo en un tono pausado y enseguida se dirigió a la Tante y le dijo algo, mientras señalaba la torta. Le dijo a Juanita que porque no había hecho un strudel. Juanita le respondió, “que tenía que comer cosas de acá” y hundió el cuchillo en el centro de la torta como asesinándola, cortó una tajada enorme, de ella asomaban los duraznos amarillos y la banana con dulce de leche se movió al apoyar el plato, se la sirvió a Tante.
Yo imagine que no la iba a comer, la tía ya se había encargado de ponerla en sobreaviso. Estaba seguro de eso. Mientras Dóris y la Tante hablaban, cada tanto mi tía nos decía un poco de lo mucho que proporcionalmente hablaban, eso me di cuenta enseguida. O se necesitaban muchas palabras para decir una cosa, o se nos ocultaba información.
- Dijo que la otra hermana del abuelo, tuvo un hijo…y que Nicalau falleció hace varios años. Dijo que estuvo esquiando en Suiza.
¿ Esquiar? pensé, no puede ser, tiene la misma edad que mi abuela, y mi abuela apenas si camina. Imposible.
Cuando todos terminaron el té (menos yo que seguía comiendo la torta de bananas de mi vieja que era (es) mi preferida) Tía Dóris dijo que seguramente estaba cansada, que fuera a cambiarse y dio por terminada la bienvenida.
En el plato de Tante, estaba intacta la porción de torta.
- Viste, hubieras hecho un strudel..
- Que se joda, no sabe lo rico que está…
- Bueno, Juanita, no te enojes…(sonriente)
Tía Doris 2 – Juanita 0.


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