Operación “Tante”

noviembre 18, 2008

Mamá nunca fue una buena anfitriona. Quedó demostrado cuando mi abuela pronunció aquellas palabras: “Viene la Tante”, lo dijo en medio de una cena, “Ayer hable con Dóris y me dijo que llega en dos semanas”. La Oma se dió cuenta de mi ignorancia supina y se dispuso a contarme: “La Tante, la hermana de tu abuelo, la que vive en Alemania, la menor de los 5 hermanos de tu abuelo Andrés. “¿Vos la conoces Oma?”, pregunté yo exaltado al escuchar que que venía un ser de Europa. No. Respondió la abuela, “Desde que tu Abuelo se fue de Alemania a los 20 años, nunca más volvió a ver a su familia, y ahora viene Mary, su hermana menor a conocer a la familia que el formó acá, o sea nosotros”.
El operativo Tante
Se puso en marcha ese mismo día. Había que preparar todo para recibirla. Tía Dóris, más habituada al roce social, ya que el casamiento con un bodeguero, la había catapultado a la categoría ABC1, se hizo cargo de la organización. Nosotros fieles exponentes de la clase media setentista no estábamos acostumbrados a recibir visitas y menos de Europa. Dóris recorrió la casa y sentenció: “Lo mejor será que duerma en la habitación del nene (o sea yo) eso si, le dijo a papá, vas a tener que pintarla un poco”. Así vi como eran arrancados mis posters de Meteoro y la habitación pasaba de un cremita a un blanco inmaculado. Yo, bueno yo fui confinado a dormir al impenetrable comedor, al sofa-cama. Fueron dos semanas de un intenso cambio en la fisonomía del hogar, Mamá limpiaba frenéticamente cualquier vestigio de suciedad, para eso había comprado todo un arsenal de productos de limpieza que jamás había visto ni usado. La Juanita sólo usaba un poco de lavandina y santo remedio, pero esta vez había limpia vidrios, limpia azulejos, limpia horno, lustra pisos, lustra muebles. Recuerdo el denodado, pero infructuoso intento de mi abuela arriba de una escalera, tratando de sacar una gran mancha de Coca Cola del cielo razo, producto de una discusión entre mis progenitores, Mamá le arrojó con poca destreza un botellazo a Papá que fue a dar justamente a ese rincón. Papá lo usó siempre en cada discusión para victimizarse como parte de un intento de homicidio.
Llegó la Tante
Al aeropuerto irían mis tíos, Dóris nunca lo dijo, pero era impropio que Papá usára el Valiant II colorado para traerla, era más oportuno el Torino de mi tío. Enfundada en un tapado de piel que le llegaba hasta los tobillos, fueron a buscarla al aeropuerto. Después de un par de horassieff por fin llegaron. La Tante era la mujer más alta que yo hubiera visto jamás. Rubia, de ojos celestes, de modales elegantes. Sólo sonreía, no hablaba nada de castellano y nosotros nada de alemán, a pesar de que Papá estudio en la Bismark Schule de Villa Ballester, el idioma de Goethe se había diluído en los talleres de YPF. Tía Dóris ofició de traductora. Viuda, sin hijos, Tante inmediatamente fijó su mirada en mi, para envidia de mis primos que no dejaban de pronunciar palabras en alemán para llamar su atención, pero ella sólo me miraba a mi. La casa relucía, las cortinas nuevas del living habían sido una gran inversión pero valían la pena. Tomamos el té, yo la miraba absorto, como si fuera una reina. Ella me miraba todo el tiempo y no dejaba de acariciar mi pelo largo oscuro, casi con curiosidad. De repente Tante señaló la cortina, una araña patona se desplazaba de arriba hacia abajo. Tía Dóris se atragantó con una masita fina, pero mamá rápida de reflejos corrió en busca de su flamante set de aerosoles, se colocó a una distancia prudencial y disparó.En vez de un rocío, el envase escupió una espuma blanca espesa, es que no era el insecticida, era el limpia hornos, no sólo mató a la araña sino que en cámara lenta fue apareciendo un agujero en la cortina producto del ácido, no dejaba de crecer en la medida que la espuma se esparcía. “La puta madre que los remil parió” disparo la Juanita en un perfecto castizo, “con lo cara que salió la cortina”, Tía Dóris escupió el té, dejo caer la masita de crema y un silencio sepulcral invadió el comedor. Mi tía comenzó una táctica de distracción hablándole en un alemán, mezclado con español e inglés, producto de los nervios, pero la Tante sólo miraba como crecía el agujero en la cortina. “Araña hija de puta”, volvió a gritar la Juanita, sin importarle la Tante, creo que sólo pensaba en el medio sueldo que habían costado aquellas telas. Bienvenida Tante al subdesarrollo.
Continuará.


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